| En 1476 nace Cuitláhuac (lama de agua o excrecencia seca), hermano menor de Moctezuma Ilhuicamina (noveno tlatoani mexica), e hijo de Axayácatl y una importante señora noble originaria de Iztapalapa, por lo cual es designado gobernante de este señorío. |
Cuitláhuac se había destacado como guerrero valiente durante el reinado de su hermano mayor, Moctezuma Xocoyotzin, ya que de acuerdo con la costumbre, el nuevo tlatoani debía participar en acciones de guerra contra una población enemiga de su reino o contra un pueblo aún no conquistado. Cuitláhuac se destaca en batallas en contra de la zona mixteca, Tehuantepec, Tepeacan, Itzocan, Zacatepec, Acatzinco y Tecalco.
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Con motivo de la coronación de Moctezuma, Atlixco fue el objetivo de la campaña militar. En esta empresa dirigida por el nuevo gobernante, combatieron los guerreros mexicas más distinguidos, entre los cuales se encontraba Cuitlahuatzin y tres de sus hermanos: Matlatzincatzin, Pinahuitzin y Cecelpaticatzin, todos ellos hijos del difunto rey Axayácatl.
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En la refriega los príncipes se mostraron excepcionalmente valientes e hicieron cautivos capturándolos con sus propias manos, lo que era reconocido como valor máximo en un guerrero.
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Durante el sexto año del reinado de Moctezuma, en el combate con los ejércitos de Cuauhquechollan, se distinguieron Cuitláhuac y otros dos capitanes de gran renombre. En esta ocasión los mexicas hicieron más de 3 200 cautivos. Ya desde antes, El Señor de Iztapalapa tenía el título militar reverencial de “tlacochcálcatl” (el de la casa de las flechas) como general de los ejércitos. Asimismo perteneció al Consejo Supremo y ayudó a su hermano Moctezuma a la construcción de la albarrada para evitar las inundaciones que causaban estragos en la ciudad de México-Tenochtitlan. |
Moctezuma convencido que Cortés era su dios Quetzalcoatl que regresaba del oriente, ordenó a Cuitláhuac recibir el arribo de los españoles a la cuenca de México en su palacio en Iztapalapa, a lo cual este último respondió perspicazmente y en palabras recogidas por el cronista indígena Hernando Alvarado Tezozómoc:
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“plega a nuestros dioses que no metais en vuestra casa a quien os eche della y os quite el reino, y quizas cuando lo querais remediar no sea tiempo”, sin embargo la agudeza de su advertencia fue pasada por alto por el tlatoani Moctezuma. |
El jardín de Cuitláhuac |
Instalados en Iztapalapa con el objetivo de retrasar un poco su arribo a Tenochtitlan, los conquistadores son llevados al jardín de Cuitláhuac que al igual que otros tlatoanis (Nezahualcóyotl, Moctezuma) poseían huertos y florestas en los que se daban al descanso, la contemplación y la admiración de las plantas y flores aromáticas, privilegio que denotaba su posición social, sensibilidad y gusto refinado, además de ser un deleite arraigado de manera particular en las culturas mesoamericanas. |
La belleza del palacio y los jardines (en tiempos en que en Europa no se conocía ni practicaba la horticultura) impresionó poderosamente a los hispanos Hernán Cortés y Bernal Díaz del Castillo, que presencialmente pudieron admirarlos y a otros cronistas que como Gómara, Herrera y Torquemada, que conocieron a testigos que los admiraron en su apogeo, todos ellos describieron la magnificencia de las construcciones: |
“Era tan grande el palacio con sus cuartos altos y bajos, que cupieron los 400 españoles bajo techo, además de sus caballos y los indígenas aliados, que se acomodaron en los patios y zaguanes”.
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Los conquistadores elogiaron la obra de cantería y los trabajos de carpintería con vigas de cedro blanco y otras maderas aromáticas, mencionando la fina ejecución de los pisos y agregando que los carpinteros de este lugar (Iztapalapa) eran conocidos como especialmente hábiles.
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“Allí mismo se hallaban varias mansiones reales, “como las mejores de España”, con corredores muy hermosos, salas, cuartos altos y bajos, terrazas con sus toldos de algodón finamente trabajados y “otros jardines muy frescos”.
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“Todo estaba “muy encalado y lucido con muchas maneras y pinturas que había arto que ponderar” (Velasco, 2002: 27) |
Dentro del palacio de Cuitláhuac, mencionaron que había habitaciones y salas con grandes patios entoldados con parámetros vistosos, tejidos en algodón teñido de diversos colores y con dibujos de magnífico trazo, hicieron alusión a que en la ciudad (de Iztapalapa) había varias fuentes de agua buena y dulce, que según la información dejada por Solís, se hacía llegar por medio de diferentes conductos de las sierras vecinas; agua que, además de ser potable, irrigaba los jardines de exuberante vegetación. |
Detallaron que en la huerta había hileras bastas de árboles frutales que formaban el borde de los caminos, mientras que en los demás espacios crecían plantas menor y que en los linderos de la huerta había unas verjas labradas de caña, por las cuales nadie podía entrar libremente y que estas vallas estaban adornadas con exquisito gusto y engalanadas con mirtos, romero, boj y otras variedades de plantas que rodeaban hermosos paseos entre los jardines de árboles y flores, Díaz del Castillo describió esta huerta “como cosa jamás soñada”. Otro gran terreno de cultivo estaba dividido cuidadosamente en cuadros con flores, ordenados de acuerdo con su variedad. A su vez, los espacios cultivados se hallaban separados entre sí por paredes tejidas de cañas cubiertas de hierbas olorosas. No se cansaban los españoles de ver la gran cantidad de árboles con frutas, así como las rosas y otras flores que en la mayoría de los casos les resultaban desconocidas, lo mismo que los olores que despedían. |
Junto al palacio de Cuiltláhuac, aludieron que se encontraba una gran alberca con las paredes hechas de muy buena cantería: “ésta tenía la forma perfecta de un cuadrángulo que medía 400 pasos por lado. Dentro del estanque había muchos peces de buena calidad; allí nadaba todo género de aves palustres, como patos silvestres y otros ánades, y eran tantas que casi cubrían la superficie”. |
A los españoles algunas de estas especies les parecían conocidas, mientras que otras las veían por primera vez. Había aves de figura y plumaje extraordinarios, y todo parecía obra digna de un príncipe. En el andén que circundaba la alberca había un pretil de pie de suelo enladrillado, y era tan ancho que podían caminar en él cuatro personas, una junto a otra. Por medio de gradas de mármol-traído desde lejos- se podía bajar hasta el nivel de la laguna; un canal llevaba desde la superficie del agua al vergel, donde se podía llegar incluso con grandes canoas sin tener que saltar a la tierra. |
La batalla |
Los españoles en su prisa por tomar la ciudad mexica, hicieron prisioneros a Moctezuma, Cacamatzin, Señor de Texcoco, Cuitláhuac, señor de Iztapalapa y otros nobles señores. |
Por estos días, Hernán Cortés se enteró del arribo de Pánfilo de Narváez y decidió ir con algunos de sus capitanes a pertrecharse de armas para un probable enfrentamiento con éste, dejando a Pedro de Alvarado a cargo en Tenochtitlán, quién al verse solo, ordenó el asesinato de cientos de integrantes de la nobleza mexica, durante la celebración de una ceremonia correspondiente a la veintena o mes llamado “toxcatl” en el Templo Mayor, hecho que provocó la profunda indignación del pueblo mexica, que en respuesta decidió cercar a los españoles, albergados en el palacio de Axayácatl, cerrando el mercado o tianquiztli de Tlatelolco e impidiendo la provisión de víveres a los españoles por una semana. |
A su regreso, Hernán Cortés, exigió a Moctezuma la inmediata provisión de bastimentos y el restablecimiento del orden entre sus súbditos, pero para ese momento el tlatoani ya no tuvo ningún impacto entre ellos, que le tenían como traidor. |
El hispano puso en libertad a Cuitláhuac, para que se encargara de apaciguar a los tenochcas y restableciera el suministro de agua y alimentos; sin embargo, Cuitláhuac, desapareció y asumió su cargo de Tlacochcalcatl o capitán general de los ejércitos, ocupándose de la organización y dirección del pueblo para el valeroso combate que tenía como fin la expulsión de los invasores españoles, tomándolos por sorpresa cuando se disponían a escapar, temerosos por sus vidas, una vez asesinado Moctezuma por quien los combates hasta ese día se habían detenido. |
Sin embargo, Cuitláhuac desapareció para ocuparse de la organización y dirección del pueblo tenochca para el valeroso combate que tenía como fin la expulsión de los invasores españoles |
Hernán Cortés, aprovechando la noche, se dispuso a escapar con sus hombres, temerosos por sus vidas, llevando a cuestas el cuantioso botín en oro hasta ese momento acumulado, sin embargo, los mexicas, comandados por Cuitláhuac, les sorprendieron en la huida, dándoles un furioso combate. |
A la muerte de Moctezuma (aunque hay cronistas que dicen que fue antes), Cuitláhuac fue designado décimo tlatoani mexica por ser reconocido por “hombre valiente y muy prudente”. |
Los mexicas dieron muerte e hirieron a numerosos españoles e indígenas aliados logrando la primera victoria contundente en contra de éstos la noche del 30 de junio de 1520 y lanzándolos en retirada de la que milagrosamente salieron con vida, al ser guiados por un tlaxcalteca que les mostró un atajo que les permitió escapar hacia tierras aliadas; es esta fecha histórica que hasta nuestros días se conoce como “La batalla de la noche triste”, pero que para el pueblo mexica fue “La noche de la victoria contra los invasores”. Tiempo después, en sus cartas de relación hechas al rey Carlos V, Cortés expuso los motivos que le habían orillado a invadir Iztapalapa, después de haber sido expulsados de Tenochtitlán, mencionando a Cuitláhuac, señor de ese poblado, “como el principal que les había hecho la guerra” y “echado de la ciudad”, “haciéndoles 6000 muertos en esta batalla” (30 de junio de 1520). |
Cuitláhuac gobernó según el registro de cronistas hispanos e indígenas entre 60 y 80 días (aunque Ixtlixóchitl menciona que fueron 40), en los que tuvo que ordenar reparar los desastres originados por la guerra: renovar las calles, casas, calzadas destruidas, limpiar los canales y añadir nuevas fortificaciones. Bajo su mando fueron reparados los templos maltratados y destruidos, y se reedificaron las casas demolidas e incendiadas. Todo esto sin la ayuda del núcleo de la joven generación guerrera, asesinada en el gran patio del templo mayor por órdenes del conquistador Pedro de Alvarado. Durante la estancia de Cortés y su ejército en Tlaxcala, Cuitláhuac aparejó las armas en Tenochtitlan y mandó a cavar fosas y trincheras. Envió sus mensajeros a las provincias y ciudades sujetas al imperio para comunicar a sus vasallos que se les eximía de todos los tributos y servicios obligatorios durante un año, con tal de que hicieran la guerra en contra de los españoles y sus aliados indígenas, lo cual no fue posible, debido a los añejos resentimientos que los pueblos contrarios guardaban, viendo en la engañosa alianza con los hispanos una oportunidad de señorear junto con ellos la cuenca de México. |
En particular mandó una solemne embajada de paz a Tlaxcala, principal aliado de los hispanos, para la conformación de una alianza ofensiva y defensiva, ofreciéndoles el libre comercio con la Triple Alianza, motivo del rencor tlaxcalteca, sin embargo el viejo Maxicatzin, desechó las proposiciones. |
Cuitláhuac no logró consumar el exterminio de los españoles, debido a su inesperada muerte a raíz de la viruela, enfermedad desconocida por los pobladores de este continente y para la cual no existían defensas biológicas y que diezmó a la población indígena, quizá en igual o mayor medida que el propio exterminio resultado de las guerras con los hispanos. Cuitláhuac murió en diciembre de 1520, sucediéndolo en el reino Cuauhtémoc. |
El antiguo pueblo de Iztapalapa, hoy ubicado en la demarcación política del mismo nombre y cuna del décimo tlatoani mexica, tiene una gran tradición histórica, de la que sus 18 pueblos y 15 barrios originarios son herederos directos, riqueza que es preciso reconocer, dado que la negativa y violenta imagen que de él se tiene no refleja puntualmente la realidad de sus pobladores, que reproducen mediante sus usos y costumbres, tradiciones y formas de organización viables en medio de la urbanización acelerada que se vive en la Ciudad de México. Por tanto es necesaria una justa reivindicación de esta valerosa tierra, cuna de uno de los héroes menos considerados, estudiados y recordados en nuestra historia y que sin embargo, su honrosa e innegable victoria que debería llenar de orgullo y servir de ejemplo a todos los mexicanos. |
Es preciso dar cuenta de la heroica batalla y el sacrificio del pueblo en defensa del refinado imperio mexica, raíz e identidad por excelencia del pueblo mexicano y que la historia se apropie de este triunfo innegable en las celebraciones cívicas, pues no puede estar más ocultado en el olvido, y de esta manera rendirle a esta fecha heroica un justo homenaje en el día y mes rescatado por los cronistas indígenas y aún por los hispanos, siendo el 30 de junio una fecha en la que la bandera sea izada en lo alto, tal y como se acostumbra en conmemoraciones de gran importancia en el recuento de nuestra nación, enarbolando esta fecha por demás memorable, en ocasión de esta batalla que significó una estoica defensa a la cultura e historia indígena, que nos enriquece, nos llena de orgullo y nos define dentro y fuera de nuestras fronteras como sucesores de una gloriosa y culta civilización, aún viva en nuestro corazón y tradiciones. |
El aparente olvido de la vida y hazañas de Cuitláhuac no son un asunto de ingenuidad histórica, ya que respondió a intereses coloniales que buscaron mermar la honra del pueblo mexicano y acallar su testimonio, por ello es preciso dar luz a la historia que nos pertenece y desechar términos utilizados y heredados por el recuento de los conquistadores que solo reflejan una visión parcial de los hechos.
El jefe delegacional en Iztapalapa, solicitó el 14 de febrero del 2006 a los diputados de la asamblea legislativa la inscripción en letras de oro en el frontispicio del recinto legislativo de donceles del nombre de Cuitláhuac, solicitud que fue acompañada de 10,000 firmas de vecinos de los ocho barrios de Iztapalapa.
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El 29 de marzo del 2007 es aprobada por unanimidad y en sesión solemne, el 27 de febrero del 2008 a las 12:40 horas, la Cuarta Asamblea Legislativa del Distrito Federal, develó el nombre en letras de oro del décimo tlatoani, originario de Iztapalapa. |
Al seguir el desarrollo de los sucesos acaecidos en la ciudad de México- Tenochtitlán, llama la atención que después de la muerte de Motecuhzoma Xocoyotzin, su hermano Cuitláhuac, que fue el señor de Iztapalapan, llego a ser el nuevo tlatoani de los mexicas. Una vez que asumió el cargo éste preguntó a los señores de Texcoco a quién correspondía legítimamente heredar el trono de aquel reino. Le respondieron que de acuerdo con sus ordenamientos debía ser Yoyotzin, el menor de los hijos de Nezahualpiltzintli, pero que todavía era muy joven.
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Investigación: Mariam Salazar Hernández
Archivo Histórico de Iztapalapa 2008
Bibliografía
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